Con la actual crisis económica podríamos concluir que al entorno al que
se enfrentan las empresas españoles no facilita la supervivencia de las mismas.
La economía española presenta graves problemas coyunturales y en otros casos
estructurales, tales como la crisis de la deuda soberana, el debilitamiento del
consumo nacional, la escasez de crédito que está lastrando las posibilidades de
financiación de las PYMES, impagos de operaciones
nacionales, etc. La clave para la recuperación económica podría estar en la internacionalización.
No obstante, la internacionalización de las empresas se constituye como
un proceso y no como una acción instantánea que alcanzará resultados en el muy
corto plazo. El proceso de internacionalización pasa desde la exportación ocasional
o experimental, hasta el establecimiento de una filial de ventas o una
subsidiaria de producción. Evidentemente todas las empresas no pasan por estos
niveles, ya que la propia naturaleza de algunas empresas hace que nazcan ya
internacionalizadas.
Más concretamente, ¿cómo ha ido evolucionando el entorno del comercio
internacional en los últimos años? Anteriormente, el contexto del comercio
internacional se caracterizaba, como comentábamos, por la existencia de elevadas
barreras de acceso, barreras geográficas, la importancia de las economías de
escala para competir vía precios, la demanda poco exigente, la “producción por
encima de todo”, etc. En la actualidad el panorama ha cambiado, ahora han
entrado en juego nuevas economía menos desarrolladas con claras ventajas en
costes, las barreras geográficas no suponen grandes limitaciones debido a la
revoluciones tecnológicas y del transporte, existe fácil acceso de las economías menos
desarrolladas a procesos de producción con un empleo moderado del componente
tecnológico, la demanda es más sofisticada, se intensifica la necesidad de las empresas de diferenciarse
de la competencia en precios a través de marcas, calidad en el servicio pre y
post-venta, la mayor conveniencia de encontrar partners
u otros socios para aglutinar sinergias positivas para abordar la entrada en un
nuevo mercado ,etc.
A fin de cuentas, hemos pasado de una era en lo que lo importante era la
producción en masa para encontrar ventajas competitivas en costes de producción
(años 70-80 del siglo pasado) a la era del cliente del siglo XXI,
caracterizada por la búsqueda de las empresas de un producto claramente diferenciado,
personalizado y acorde con las preferencias del consumidor y, sobre todo, ahora son los clientes quiénes deciden qué comprarán (no vale cualquier producto), cómo comprarán
(ya nos es necesario acudir al punto de distribución al minorista gracias al comercio online) y cuándo comprarán.
Una vez analizado el entorno al que se enfrentan nuestras empresas,
podemos dar unas pequeñas claves sobre cómo enfrentarse y adaptarse a este
nuevo contexto internacional. Las empresas de las economías más desarrolladas
al enfrentarse en los mercados internacionales con competidores de países menos
desarrollados perderán en algunos casos ventajas competitivas en precios. Por
tanto, deben tener en cuenta que competir vía precios nos lleva en muchos caso
al desastre si no se consigue obtener una estructura flexible de costes. Por
consiguiente, es vital llevar a cabo una estrategia competitiva diferenciadora
a través por ejemplo de la marca, el diseño, la calidad, la innovación, el
servicio al cliente, la atención personalizada. En definitiva, sabemos que el
cliente ya está formado y preparado antes de entrar a nuestro establecimiento,
tiene unas preferencias claramente definidas y en numerosas ocasiones, busca un
producto diferente que le proporcione mayor utilidad que el de la competencia.
Ya no tiene sentido ser un imitador o seguidor, no hay espacio.






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